Tras una larga enfermedad el cuerpo queda lánguido, pasivo, receptivo a la dulzura, pero demasiado débil para contenerla. Las lágrimas asoman y caen mientras el perro ladra en el valle, los niños persiguen aros, el campo se oscurece y se aclara. Tras un velo, así parece. Ah, pero corramos el velo más tupido, no vaya a desfallecer de dulzura, suspiró Fanny Elmer, sentada en un banco de Judges Walk mirando hacia Hampstead Garden Suburb. Pero el perro siguió ladrando. Los automóviles tocaban el claxon en la calzada. Oyó un murmullo lejano. Se le agitó el corazón. Se puso en pie y echó a andar. El césped estaba verde y fresco; el sol, caldeando. Alrededor del estanque, los niños se agachaban para botar barquitos; o las niñeras, gritando, los hacían retroceder.
El cuarto de Jacob, capítulo 10
CONTEXTO HISTÓRICO
Pintoresca senda entre árboles y jardines privados en la zona de Hampstead. Su origen se remonta a 1665, durante la Gran Plaga de Londres, cuando los Assizes (tribunales itinerantes) se celebraban bajo los álamos que bordeaban el camino. Judges Walk proporcionaba un lugar al aire libre en el que reunirse en medio de la crisis sanitaria y fue precisamente ese uso de carácter judicial lo que dio nombre al lugar. A día de hoy, se ha convertido en un paseo muy popular entre quienes buscan un paseo relajante en contraste con el bullicio urbano cercano.
