Mientras la canción antigua borboteaba frente a Regent’s Park Tube Station, la tierra aún parecía verde y florida; aún, aunque brotaba de una boca tan ruda, un simple agujero en la tierra, fangoso además, enmarañado con fibras de raices y hierbas enredadas, aun así el viejo canto burbujeante, empapando las raíces anudadas de edades infinitas, y esqueletos y tesoros, corría en regueros por la acera, a lo largo de Marylebone Road y hacia Euston, fertilizando, dejando una mancha húmeda.
La señora Dalloway
