Sí, recordaba Regent’s Park; la alameda recta y larga; la casetita de la izquierda donde se compraban globos; una estatua absurda con una inscripción en algún sitio. Buscó un asiento libre. No quería que lo molestaran (se sentía un poco amodorrado) pidiéndole la hora. Una niñera canosa y ya mayor, con un bebé dormido en el cochecito: eso era lo mejor que podía arreglar—sentarse en el extremo del banco, junto a esa niñera.
La señora Dalloway
