—¿Por qué no me lo dijiste nunca? No sabía que existía esto —observó, aludiendo al lago, al amplio espacio verde, a la arboleda, con el oro rizado del Támesis a lo lejos y el Ducal Castle erguido en sus praderas. Tributó a la rígida cola del león ducal una risita incrédula.
—¿Nunca has estado en Kew?
Noche y día, capítulo 25
