Londres se ha tragado a muchos millones de jóvenes llamados Smith; no ha hecho caso de nombres de pila fantásticos como Septimus, con los que sus padres pretendieron distinguirlos. Alojándose junto a Euston Road, hubo experiencias, y más experiencias, de esas que cambian un rostro en dos años, de un óvalo rosado e inocente a una cara enjuta, contraída, hostil. Pero de todo esto, ¿qué podría haber dicho el más observador de los amigos salvo lo que dice un jardinero cuando abre por la mañana la puerta del invernadero y encuentra una flor nueva en su planta?: Ha florecido; florecido de vanidad, ambición, idealismo, pasión, soledad, coraje, pereza, las semillas de siempre, que, todas revueltas (en un cuarto junto a Euston Road), lo volvieron tímido y tartamudo, lo urgieron a mejorarse, lo hicieron enamorarse de la señorita Isabel Pole, que daba clases sobre Shakespeare en Waterloo Road.
La señora Dalloway
