—Lo dejó todo tal cual —se maravilló Bonamy—. Nada arreglado. Todas sus cartas desparramadas para que cualquiera las leyera. ¿Qué esperaba? ¿Creía que iba a volver? —caviló, de pie en medio del cuarto de Jacob.
El siglo XVIII tiene su distinción. Estas casas se construyeron, digamos, hace ciento cincuenta años. Las estancias son airosas, los techos altos; sobre las puertas una rosa, o un cráneo de carnero tallado en la madera. Hasta los paneles, pintados en un frambuesa, tienen su distinción.
El cuarto de Jacob, capítulo 14
