Allí estaba, en Hyde Park Corner. La escena bullía. Carros, automóviles, ómnibus de motor descendían a raudales por la colina. Los árboles del parque lucían hojitas verdes. Ya entraban por las verjas coches con damas alegres, en vestidos pálidos. Todos iban a lo suyo. Y alguien, advirtió, había escrito «Dios es Amor» con tiza rosa en las verjas de Apsley House. Eso exige cierto arrojo, pensó, escribir «Dios es Amor» en las verjas de Apsley House cuando en cualquier momento puede echarte el guante un policía. Pero ahí venía su ómnibus; y subió a la imperial.
Los años, 1914
