Pulsó el muelle de su neceser y comprobó que el frasco de esencia y una novela de Mudie’s quedaban a mano (el joven estaba de pie, de espaldas a ella, colocando su maleta en el perchero). Decidió que arrojaría el frasco con la mano derecha y tiraría del cordón de alarma con la izquierda. Tenía cincuenta años y un hijo en la universidad. Con todo, es un hecho que los hombres son peligrosos. Leyó media columna de su periódico; luego, furtiva, asomó por el borde para decidir la cuestión de la seguridad por la infalible prueba de la apariencia… Le gustaría ofrecerle su periódico. Pero ¿leen los jóvenes The Morning Post? Miró qué estaba leyendo él: The Daily Telegraph.
El cuarto de Jacob, capítulo 3
