El hombre es encantador (si se cortara las uñas), y la mujer tiene un rostro bastante noble, solo que viste, claro está, con un saco de patatas, y lleva el pelo como una dependienta de Liberty. Hablan de arte y nos tienen por unos papanatas por vestirnos para la cena. Sin embargo, no puedo evitarlo; preferiría morir antes que sentarme a cenar sin cambiarme —¿no te pasa igual? Importa muchísimo más que la sopa. (Qué curioso que cosas así importen mucho más que lo que, por lo general, se supone que importa. Preferiría que me cortaran la cabeza antes que llevar franela junto a la piel).
El viaje de ida, capítulo 3
