—Mi padre —dijo de pronto, pero en voz baja— tenía una señora… Ella lo llamaba “Bogy”. —Y le contó la historia de la señora que regentaba una casa de huéspedes en Putney—la señora muy respetable, ya entrada en carnes, que necesitaba ayuda con el tejado. Maggie se rió, pero muy suavemente, para no despertar a los durmientes. Ambos seguían durmiendo profundamente.
Los años, 1914
