Los conductores más temerarios del mundo son, sin duda, los de las furgonetas del correo. Bamboleándose, el furgón escarlata tomó la esquina junto al buzón de tal modo que rozó el bordillo e hizo que la niña que estaba de puntillas para echar una carta alzara la vista, medio asustada, medio curiosa. Se quedó inmóvil con la mano en la boca del buzón; luego dejó caer la carta y echó a correr. Rara vez vemos a un niño de puntillas solo con lástima; más bien, sentimos una leve incomodidad, como una arenilla en el zapato que casi no merece la pena quitar. Esa es nuestra sensación, y así… Jacob se volvió hacia la estantería.
El cuarto de Jacob, capítulo 5
