SIR S. L. Aunque se hubiera escrito en letras de oro, de quince metros de alto, visibles desde St. Paul’s Churchyard hasta el Goat and Compasses, en Peckham, no habría sido más claro… ¡Chitón, te lo susurro! Yo, Sir Spaniel Lilyliver, por la presente me obligo a tomar por esposa a ti—¿cómo se llamaba la muchacha verde que apareció en una nasa para langostas cubierta de algas? ¿Flavinda, eh? Flavinda, eso es—por esposa legítima… ¡Oh, ojalá hubiera un abogado que lo pusiera todo por escrito!
Entre actos
