De nuevo se detuvo en la entrada de Charing Cross Station. El cielo era inmenso en ese punto. Vio una hilera de pájaros volando alto, volando juntos; cruzando el cielo. Los contempló. De nuevo echó a andar. Gente a pie y en cabriolé se agolpaba como pajitas en torno a los pilares de un puente; tuvo que esperar. Pasaron ante ella coches cargados de cajas.
Los envidiaba. Hubiera querido marcharse al extranjero; a Italia, a India… Entonces sintió vagamente que algo ocurría. Los repartidores de prensa en las puertas entregaban periódicos con inusitada rapidez. Los hombres los arrancaban de las manos, los abrían y los leían mientras seguían andando. Miró un letrero arrugado sobre las piernas de un muchacho. «Death» estaba escrito con letras negras muy grandes.
Luego el letrero se tensó al viento y leyó otra palabra: «Parnell».
Los años, 1891
