Subo por Richmond Hill, recorro la terraza, entro en el parque. Es dieciocho de abril —el mismo día que aquí. Es primavera en Inglaterra. El suelo está algo húmedo. Aun así, cruzo la calzada y piso el césped y caminamos, y canto como siempre hago cuando voy sola, hasta que llegamos al claro desde el que, en los días despejados, se ve todo Londres a tus pies. La aguja de la iglesia de Hampstead allí; Westminster Cathedral más allá; y chimeneas de fábricas por aquí. Suele haber bruma sobre las partes bajas de Londres; pero sobre el parque, cuando Londres está en niebla, el cielo suele ser azul.
El viaje de ida, capítulo 1
